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Predeterminado Re: Diario De Un Navegante.

Bueno antes de continuar, agradecer las muestras de apoyo e invitar una copa de ron caribeño a los sufridos cófrades que siguen mis relatos.

No sé si algún día me animaré a escribir un libro, ya lo intenté durante el viaje, pero nunca encontré el hilo argumental que me motivase a ello.

Pero sin duda, es un placer compartir mis experiencias y aventuras, y transmitir algunos de los cientos de consejos que navegantes de medio mundo no dudaron en compartir conmigo en una muestra de la excelente camaradería de los verdaderos marinos...

Pues eso, sigamos con el relato. La lenta publicación del mismo se debe a que voy escribiendo los capítulos sobre la marcha en los ratos libres que tengo.



7.- NOVIEMBRE 2002. PARTIMOS HACIA GRAN CANARIAS. LA FLOTA DE LA ARC NOS ESPERA.

A principios de noviembre, volvíamos a partir del Port Vell en Barcelona. Fue genial volver a ver a familia y amigos antes de partir rumbo al Atlántico.
Casi sin saberlo tomamos una de las decisiones más acertadas del viaje. Estibamos decenas de botellas de vino tinto y cava por todos los rincones y recovecos del barco. Y cargamos con tres jamones completos, en paquetes de 100 gramos envasados al vacío y tres grandes quesos manchegos añejos envasados también al vacío. Nuestras bodegas iban repletas de herramientas, recambios, vino, jamón y queso!!!!.

Esta segunda partida era diferente a la primera. Salimos hacia el mediodía, teníamos un rumbo conocido, ya no había la incertidumbre o el “miedo” a lo desconocido de esa primera vez cuando partimos en plena noche. Pero aún así siempre queda un cierto sentimiento de nostalgia cuando ves como se aleja tu ciudad en el horizonte, y eso se transmite al estado de ánimo de los tripulantes, con pocas ganas de hablar. Todos encerrados en sus pensamientos.

La mañana había sido movida. A los preparativos de última hora se añadieron las prisas para solventar un par de chapuzas del astillero, la primera al pinzar el tubo de suministro de gasoil, lo que nos dejó sin motor y a la deriva un minuto después de zarpar del muelle de North Wind!!!. La segunda por un problema en el sistema de luces. Pero ello sólo nos hizo perder unas horas, y por supuesto parte de nuestra paciencia….

Al atardecer, navegando frente a las aguas de Tarragona, con una suave brisa y buena mar, ya empezaba a cambiar el estado de ánimo de todos. Nadie pensaba en lo que dejábamos atrás. Nuestros pensamientos se concentraban en lo que teníamos por delante. Fijado el rumbo directo a Gran Canaria, bordeando la costa de Levante para dirigirnos al Estrecho, volvimos a nuestras rutinas de navegación.

Algún susto en el sistema de guardias, con algún tripulante un tanto dormilón, nos pudo costar un disgusto, de modo que decidí cambiar el sistema de guardias individuales de 1 hora.
Las guardias serían ahora de dos horas, pero no de forma individual, ni por parejas, sino que cada hora se incorporaba uno de los tripulantes a la guardia siendo el responsable único de la misma durante esa primera hora. La segunda hora se mantenía en cubierta haciendo compañía al que acababa de entrar, y sirviéndole comida o café, o lo que fuese necesario, y pudiendo sestear a su lado en cubierta. De ese modo siempre había alguien fresco al menos una hora, y tenía cierta compañía. Como éramos cuatro, todos al final teníamos dos horas de descanso en el camarote más una hora “sesteando” en cubierta si estabas muy cansado. La verdad es que el sistema funcionó y así quedo durante todo el viaje, aunque con la pérdida de tripulantes cada vez me tocaban más guardias ;-(, hasta “comérmelas todas” durante algunas travesías en solitario o casi solitario.

Un tiempo excepcionalmente bueno nos acompañaba y una plácida travesía del Estrecho, donde la única noticia fue comprobar que la gente de North Wind nos habían montado la tricolor de tope de palo al revés (la anterior la perdimos en la última tormenta entre Sicilia y Cerdenya). Maldije en hebreo al tenerme que subir en plena noche a tope de palo para arreglar el entuerto, pero no era cuestión de atravesar el Estrecho con todo su tráfico marítimo con nuestras luces al revés, pues podíamos generar errores de percepción claros.
La BLU, recién instalada, tampoco funcionaba. No lográbamos captar señal alguna, por lo que no tendríamos parte durante los siguientes cuatro o cinco días.

Al amanecer aparecía el faro de Tarifa a nuestro través (como recordaba los exámenes de carta de Per y Patrón). Una breve ceremonia de descorche de una botella de cava y brindis por superar un primer hito. Ya surcábamos aguas del Atlántico!!!. Horas después empezábamos a surfear las enormes y largas olas que había generado una baja situada frente a Galicia.

Tras una semana de navegación, desde nuestra salida de Barcelona, arribábamos a Gran Canaria. Cientos de barcos esperaban allá el momento de salida hacia América. Parecía una película del Viejo Oeste donde las caravanas se juntaban para las largas travesías. Miles de personas de todas las nacionalidades. Familias completas, niños, amigos, parejas... Una verdadera Torre de Babel marina. Todos con un mismo objetivo: Navegar rumbo a América…

Efectuamos los trámites administrativos y burocráticos con la organización de la ARC y a partir de ahí, algún curso de seguridad, demostraciones de rescate, revisión de seguridad de los barcos, fiestas, desfiles. Una semana con un intenso programa y preparativos finales para la gran aventura.

Siguiendo los consejos de nuestros vecinos daneses (dos de ellos habían formado parte de la tripulación del Zurich que había batido el record de vuelta al mundo) compramos y adaptamos un génova usado con la idea de utilizarlo para navegar a “orejas de burro” pero con dos velas a proa, y no con la mayor. También montamos un sistema de retenida de la botavara, reenviado a la bañera, y con el cual evitaríamos que en alguna trasluchada involuntaria la botavara arrancara el cuero cabelludo a cualquiera de nuestros tripulantes.

Pero uno de los mejores momentos de esa semana fue conocer a Rafael del Castillo de “La Rueda de los Navegantes”. Rafael nos envió un técnico que sustituyó la antena de la BLU por una nueva de látigo que nos dio un funcionamiento perfecto y espectacular durante todo el viaje. Además nos instaló un sistema para la descarga de fax a través de la frecuencia de la BLU, que nos permitía la lenta pero gratuita descarga de los partes marítimos de la NOAA (los mismos que utilizaba la flota de guerra de EEUU), y que sin duda fueron de gran ayuda para decidir los rumbos durante las largas travesías atlánticas. Además Rafael y Altino (en Azores) se convirtieron en nuestros “ángeles de la guardia”, con partes diarios, ruedas de comunicación de todos los barcos españoles en el mundo, ayuda en caso de problemas o averías. En definitiva, un personaje que marcó de forma muy positiva nuestra singladura y que nos facilitó la vida en altamar.

Buenos consejos también los de otros tripulantes sobre cómo preparar y estibar los alimentos frescos, con una minuciosa limpieza de los mismos para evitar subir “bichitos” a bordo que después se pudiesen merendar o corromper la fruta o verdura. Teníamos más de 3.000 millas non stop por delante y ningún supermercado en el camino!!!!.

Tras el colorido desfile de tripulaciones de más de 200 barcos de decenas de países, y donde nos tocó ser los abanderados de España, última noche en tierra.

Un espléndido y soleado día nos saludaba en nuestro trayecto hacia la línea de salida. Cientos de personas se agolpaban en los rompeolas para presenciar la partida de centenares de barcos. Estábamos todos eufóricos. Nos apartamos del grueso de la flota, ya que teníamos miedo a que nuestra torpeza e inexperiencia nos llevara a una colisión antes de empezar y arruinase nuestro viaje. Total si quedaban miles de millas por delante, y además habíamos decidido participar en la ARC por cruzar “acompañados”, pero sin ánimo de regatear. Ni tan siquiera teníamos spi.

Llega la hora, la flota despliega sus spis y ponen rumbo sur a todo trapo, bordos y más bordos costeros. Nosotros pasamos los penúltimos la línea de salida, tan sólo una bella fragata de un barco escuela holandés a nuestra popa. Pues eso, a celebrarlo descorchando otra botella e cava!!!!.

La flota se aleja a toda velocidad… ¿Para qué nos habremos inscrito en la ARC? Si nos vamos a quedar más solos que la una a las primeras de cambio…. pensé en aquel momento.



8.- 23 DE NOVIEMBRE 2002. SALIDA DE LA ARC. INICIAMOS LA TRAVESÍA ATLANTICA.

Continuará…
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