Después de mi última navegada (cinco días seguidos cuando estoy acostumbrado a excursiones de unas horas), al llegar al trabajo, mi despacho se movía de mala manera y tenía que disculparme con los que entraban y pedirles que se estuvieran quietecitos


. Una de las tripulantes, un par de días después seguía igual y decía: ¡Ojalá no se me pase nunca!


porque le parecía que seguía navegando por Ibiza y Formentera.
La intensidad y duración de estos mareos son muy distintos según las personas y, probablemente, según lá costumbre de navegar.