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| VHF: Canal 77 |    | ![]() |
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#23
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El Canarias con su nuevo rumbo se encuentra, a unas 25 millas del cabo Machichaco con el resto del convoy extraviado, los bacaladeros Nabara y Donostia custodiando al inválido tramp convertido en barco-correo Galdames, y al que se habían unido dos pesqueros el Pantzezka y el Josefa-Mike 1 suponiendo que estarían más protegidos en su compañía para regresar a puerto. El temporal que ya comienza a amainar pero el maretón todavía ocultaba a veces al grupo a los ojos del alto crucero, navegando al norte huyendo de la quema buscando, probablemente, la costa francesa. Mucho trabajo costó esta maniobra porque el Nabara no pudo enterarse por radio de lo que estaba pasando porque el temporal le había arrancado la antena y cuando la arregló e informó por bocina al Donostia ,había transcurrido bastante tiempo. A su vez pidió ayuda a su base y al destructor José Luís Díez que estaba en Bilbao. ![]() El Canarias ya los tenía a tiro y a sus treinta nudos, era cuestión de tiempo. Iza las señales de que se parase el convoy. Y no pasó nada. Entonces el Canarias le larga y par de pepinos al Galdames que impactaron en la superestructura y en la carbonera central ocasionando 9 nueve muertos y siete heridos; inmediatamente izó la bandera blanca y paró la máquina. Disparó también sobre los pequeños pesqueros creyéndolos artillados y cuando comenzaron a sonar sus sirenas dando atolondradas viradas los ignoró y en ese momento uno de los pesqueros, idéntico al que hacía poco casi había hundido, comenzó a disparar sobre él. El crucero maniobró y se situó a estribor del Nabara, su amenazante objetivo, y a rumbo paralelo para evitar que se pudiera meter en las aguas francesas y a 5 millas de él, porque ya tenían la lección aprendida de su hermano. Pero el pesquero continuaba disparando furiosamente. Enrique Moreno, el comandante del Nabarra era un marino mercante que había pasado su vida profesional en la PISBE, nacido en La Unión (Cartagena) se había casado con una guipuzcoana meses antes y cuando empezó la guerra civil no quiso despegarse de los barcos con los que siempre había trabajado y así, a sus recién cumplidos treinta años, se convirtió en teniente de navío de la Euzkadiko Gudontzidia. Sus oficiales eran compañeros y amigos desde mucho tiempo antes de la guerra y se reunieron para hablar de la situación. Puestos a que los fusilasen en tierra, como se hacía con los marinos capturados, preferían hundirse con el barco disparando sus cañones y en eso estuvieron de acuerdo todos los demás. Jamás entregarían el barco y el resto de la tripulación también aceptarían ese pacto. El Nabara parecía un submarino a los ojos del gran barco, pero cuando emergía dos cañones relampagueaban inútilmente, porque por la distancia no podían alcanzarles, pero no cejaba en hacerlo una y otra vez. El destructor José Luís Díez enterado de que el Canarias estaba en "su zona", no salió de puerto con cualquier excusa, ni siquiera para auxiliar a los pesqueros pobremente armados ante esa fortaleza flotante que desesperadamente suplicaban ayuda, como normalmente hacia de tal forma que la gente ya le llamaba "Pepe el del puerto". Por unas cosas o por otras a este barco le costó trabajo quitarse este mote; incluso terminó pasándose a la Armada Inglesa… pero esta es otra historia. Navegando en el maretón , el Canarias se mantenía a distancia del Nabara que proseguía con sus disparos cuando se encaramaba en las olas mientras que el crucero preparaba sus incapaces baterías secundarias. Entonces ,el rebote de un obús en el agua impactó entre las cuadernas 23 y 24 ocasionando un bollo en el forro del acorazado. El júbilo en el bacaladero fue indescriptible saltaban como si realmente hubieran hundido a este Goliat que empezó a vomitar fuego. ![]() Inmediatamente recibió un impacto en la zona de proa que destrozó la maquinaria de fondeo y ocasionó un fuego que la misma mar apagó. Ni a pesar de esto dejó de disparar; es más puso proa al crucero con un rumbo zigzagueante y de su chimenea salió un intenso humo negro: estaba forzando sus máquinas para acercarse más a su enemigo para acortar distancias y tener más alcance con sus cañones mientras el Canarias trataba de mantener la distancia porque no quería correr riesgos, ya que continuaba disparando con su imprecisa batería secundaria. Un nuevo impacto hirió al segundo oficial al timonel, al radiotelegrafista, al practicante y mató a un fogonero que estaba en cubierta. El cañón de proa harto de disparar se agarrotó porque estaba ardiendo y más tarde también se averió el de popa que se reparó con piezas del de proa. A este juego del ratón y el gato ,a este David contra Goliat, el crucero ve que el Galdames y los dos pesquerillos lentamente intentan escabullirse por lo que vira y les lanza una salva que alcanza al mercante que se detiene sumiso mientras los pesqueros meten máquina y se escapan. Pero esto no es una tregua para el Nabara que sigue disparando con su único cañón; han pasado luchando casi dos horas y todavía no habían podido hundir al incordiante bacaladero por lo que el crucero va abriendo distancias para usar su batería principal. Al cabo del tiempo el Canarias largó dos andanadas de los 203 mm. que impactaron en el bacaladero, lo incendiaron y mataron a muchos tripulantes por lo que dándolo por liquidado, el crucero se dirige al Donostia que no había entrado en combate, para apresarlo y cuando entra al alcance del cañón de popa del moribundo Nabara, ardiendo y con la cubierta llena de cadáveres, comienzó a disparar ,ante el asombro de los tripulantes del gran barco, y en uno de ellos alcanzan a la batería del Canarias matando a su oficial artillero y herido a un sirviente. Por segunda vez el Canarias tuvo que abrir distancias para, de nuevo, utilizar el telémetro de su artillería de 203 mm. Envió al desahuciado Nabara dos andanadas. La primera impactó en las calderas, con lo que dejó al barco sin propulsión y mató a todos los maquinistas y fogoneros. Y la segunda en el puente, matando al timonel y al segundo oficial; pero aún así no dejó de disparar tan desesperada como inútilmente porque los siguientes impactos que encajaron, devastaron su única arma y el propio barco. ![]() El capitán antes de rendir el barco abrió los grifos de fondo para hundir el barco y ordenó a los supervivientes que intentaran salvarse en los botes salvavidas, mientras que él, su primer oficial y los que quisieran, se hundirían con el barco. El Canarias al ver el lanzamiento de los botes dio por finalizado el combate y puso rumbo a su presa. Con mar gruesa y fuerte viento, el abandono del "Nabara" no fue fácil porque algunos cayeron al agua sin salvavidas y se ahogaron, pero veinte supervivientes consiguieron embarcar en dos oscilantes botes mientras el Nabara ,con una explosión, comenzó a hundirse por proa y a las seis de la tarde su popa desapareció ,con un temblor, antes de hundirse definitivamente con su carga humana a la fosa de Cap Breton, una buena tumba para un grupo de marinos valientes. El Canarias maniobró y se acercó al bote de babor que capturó y obligó a sus ocupantes subir a bordo pero al distante de estribor que había embarcado mucha agua lo estaba atendiendo el Donostia con total tranquilidad sabiendo que el gran barco los atacaría cuando acabase de atender a los náufragos. Los ocupantes del bote rehusaron subir al pesquero; solo le pidieron un balde para achicar y un botiquín para cuidar a los heridos gritándoles que diesen motor y escapasen. ![]() Cuando el Canarias estaba capturando al segundo bote, ya era casi de noche y el Donostia se escabulló rumbo a Francia; se metió en Arcachon, sufrió un auténtico calvario en varios puertos franceses y volvió a España desarmado una vez terminada la contienda. Los prisioneros fueron bien tratados en el Canarias y una vez en tierra fueron encarcelados, juzgados y como de costumbre condenados a muerte. Pero tuvieron la suerte de que sus adversarios los admiraban por su valentía. El comandante del Canarias Salvador Moreno, intercedió en su favor y el oficial de tiro y el capitán de corbeta Manuel Calderón que había pasado al Cuartel General de Burgos como ayudante naval de Franco constantemente le contaba el combate del Nabara , dela hormiga, contra el elefante Canarias donde él servíay el valor de los tripulantes del que antes fuera bacaladero de PISBE. Le decía: "Mi general unos hombres tan valientes no pueden morir así". Tan saturado lo tenía con esta historia que en noviembre de 1938, Franco en una raya en el agua, porque era rarísimo que perdonara una ejecución, no solo les conmutó la pena de muerte sino que les dejo libres y ordenó que no los molestasen con papeleos y expedientes. Calderón siempre estuvo pendiente de ellos y cuando algo salía mal, se presentaba a donde fuera con el uniforme y todos sus "perejiles" y cuadraba a esos déspotas del bando vencedor con lo de "Tengo orden del Jefe del Estado de ayudar a los hombres del hundido Nabara; y este es uno de ellos. Salvador Moreno, ya convertido en almirante, murió en 1966 y sus restos están en el Panteón de Marinos Ilustres y el capitán de navío Calderón, murió soltero en el 79, en el Sanatorio de Marina de Los Molinos siendo padrino de treinta y dos niños y nietos de sus antiguos enemigos. Debéis perdonarme por haberme extendido narrando este hecho de honor de un marino honesto, porque es insólito y raro en una guerra entre hermanos donde lo normal era que cada uno luchase donde le había tocado la suerte. .../...
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