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Antiguo 10-10-2012, 15:48
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Predeterminado Re: ¿Quien cortaba el Bacalao?

De todas formas, aunque todo estuviese arranchado, una fuerte tempestad destrozaba la cubierta, arrancaba las arboladuras y los pórticos y se llevaba cualquier elemento que estuviese mal sujeto. Sin embargo todavía había valientes que largaban en estas condiciones.

En verano y entretiempo materialmente casi no se veía casi siempre zambullidos en un denso manto de niebla con los caladeros saturados de barcos y con grave riesgo de colisiones entre ellos.

Así le pasó a nuestro Tifón en mayo del 55, que fue echado a pique en once minutos por el portugués Invicta que iba filando a toda máquina y le metió la proa en la banda de estribor a la altura de la sala de máquinas cuando el Tifón, bien cargadito, lentamente iba virando.

Afortunadamente no hubo victimas y los supervivientes fueron recogidos sin problemas,pero hubiera sido así una hora más tarde porque se levantó un temporal con muy mala mar. Suerte tuvieron.

El Radiotelegrafista tuvo la sangre fría de rescatar su cámara en ese momento y hacer esta foto:





 
Cuando el pescado ya estaba a bordo se iniciaba la cadena de trabajos que secuenciaba el quitarse ese pescado de en medio y cada marinero ejecutaba un movimiento preciso, siempre mecánicamente el mismo para completar el procedimiento que ya dijimos; o les cortaba la cabeza, o los desviceraba,o los desespinaba,o los sumergía en una tina con agua fría o les sacaba el hígado con el que hacían un aceite reconstituyente que se les daba a los niños españoles, o lo salaban, ya en la bodega, o los estibaban.

Un trabajo continuo tanto de día como de noche, porque el barco no paraba de pescar.

Debido a esto en cubierta se barajaban turnos de trabajo y a golpe de campana cada seis horas se iban completando las 24 horas de cada día.




 
Aunque se ganaba más que en tierra (si echamos cuentas de las horas trabajadas, y la dureza del trabajo ya no era para tanto) a la hora de cobrar también había la diferencia de clases de la clases del no era lo mismo.
 
Se cobraba un mínimo salario y el resto a la parte, esto es ; sobre el total capturado en la marea en la proporción de la categoría del trabajador ; por ejemplo en el 55 un ayudande de redero 9,50 pesetas/tonelada; el segundo redero 17 pesetas, el mozo de popa 7 etc … y así, ilusionados, esperaban un salario acorde con las toneladas desembarcadas pero se encontraba en la nómina cosa como : "tantas kilos de barajilla" (pescado demasiado pequeño para comercializarse) o que el bacalao estaba en sal sucia o que estaba demasiado seco o sobrado de humedad, o por defectos en la apilación en las bodegas, o por no llenar las bodegas y haber demasiada cámara … un sinfín de escusas para ir bajando toneladas.

Se trataba de pescar más, en el menor tiempo y regresar lo antes posible a puerto por lo que la competencia era brutal entre los propios barcos de la PYSBE que nunca actuaron con espíritu de empresarial; cada palo tenía que aguantar su vela, nunca mejor dicho.


Se construía, con las informaciones que daban por grafía o radio, un mundo ilusorio en el que había que leer entre líneas, se daban pistas sobre playas de pesca inexistentes, se informaba sobre capturas irreales o poca pesca cuando había; no se informaba de los pronósticos meteorológicos; todo valía en esa lucha que se endurecía campaña tras campaña y los nombres de los Capitanes de Pesca comenzaron a entrar en las leyendas.

En tierra, una vez preparado el bacalao en los grandes secaderos, había que realizar también un duro trabajo para levantar este imperio comercial porque en las factorías se trabajaba sin parar para sacar sus presentaciones: El bacalao seco y el aceite de bacalao Pysbe, Las marcas España, Euskal-Erria y Plus Ultra para los filetes sin espinas y las rabas





 
 
Había que ver la sala de preparaciones con doscientas personas trabajando sin descanso a ritmo del breve intervalo de las sirenas de la compañía.

La Pysbe crecía sin parar y otra nueva remesa de bacaladeros ya se estaba construyendo en las gradas de los astilleros: el Bochorno el Brisa el Regañón y el Solano que rápidamente se alistaron a la gran compañía.

Con el paso del tiempo e incremento de flota las condiciones a bordo mejoraron ya que eran más de mil tripulantes bajo la misma bandera empresarial.

Una bandera que no paraba de botar barcos porque cuatro años más tarde, en el 59, lanzaron al agua otras tres unidades más ; el Céfiro , el Huracán y el Virazón.




 
Se mejoraron las instalaciones e incrementaron las medidas de seguridad marítima. Se instalaron radares en todos los barcos, sondas precisas, girocompases ,pilotos automáticos con lo que faenar en condiciones adversas ya no era tan peligroso.

Se instalaron desalinadoras con lo que ducharse ya no era un pecado.

Para la flota había un médico que atendía a las tripulaciones cuando atracaban para hacer consumo o reparar y cuando mejoraron las comunicaciones se establecieron las consultas radiofónicas para no tener que depender de frío telégrafo.

Se cubrió el parque de pesca con el cerrado de las bandas, se habilitó una pasarela para facilitar con seguridad el paso con las gavetas de comida, se colaboró con técnicos extranjeros para simplificar el trabajo con el pescado con cortadoras de cabezas, desespinado automático y otras ayudas.

Cuando llegaba el barco a puerto después de cada marea, los marineros gastaban lo que a lo mejor habían sido seis o siete meses de ahorro en sus casas; era un revulsivo económico en la comarca y se veían a las familias de los tripulantes que estrenaban vestidos, venían arreglados al paseo y gastaban a manos llenas en los bares y en las tiendas.

Fumaban caros cigarrillos y puritos de tabaco rubio y alardeaban de haber vendido botellas de brandy o anís a precios escandalosos, ya que en Saint-John’s regía la llamada "Ley Seca".

La mayoría de los marineros de bajura buscaban enchufes para entrar en la Pysbe. Era el Santo Grial.

Todo terminaba cuando embarcaban de nuevo, se despedían de sus mujeres y de los hijos que a lo mejor no conocían cuando desembarcaron.
 
 PYSBE era la arrogante empresa pesquera mayor de España, pero se olvidaron de reestructurar los barcos a los nuevos tiempos y de cambiar las técnicas de pesca y su conservación.

Al final de los años 60 lo intentaron hacer.

Encargaron a los Astilleros Barrera de Vigo un gran buque factoría que pudiese procesar, e incluso congelar el pescado comercial que desgraciadamente se tiraba al mar, para imitar los procesos de los barcos Lemos y Andrade que lo hacían a pequeña escala y fueron los dos primeros pesqueros congeladores del mundo de la innovadora compañía Pescanova.



 
Algún informe negativo de esta técnica y de Pescanova entró en el Consejo de Administración de la PISBE que, siguiendo con su política conservadora, cancelaron el proyecto cuando ya estaba iniciado.

Craso error.

Pescanova cambió la historia de la pesca mundial y en pocos años, trasformada en la primera empresa pesquera de Europa, tenía más de cien pesqueros congeladores pescando por casi todos los mares conocidos y gracias a esto ,sus productos, más baratos y variados, entraron rápidamente en la cesta de la compra de las familias españolas de forma habitual.

En lugar de este gran buque factoría botaron dos nuevos arrasteros, el Ciclón y el Ráfaga.

Por lo menos ya eran ramperos (izado del copo por una rampa popera) pero con la misma filosofía que sus hermanos.

Otro craso error.

Los tiempos ya no estaban para tener unas inmensas bodegas de mil toneladas de pescado. Ya no había tanto pescado. Los barcos no fueron rentables desde el principio porque las mareas se eternizaban para poder pescar tal volumen de bacalao.

Su solución fue ampliar las redes y ponerlos a pescar de pareja… pero dos mil toneladas eran muchas toneladas de bacalao ante el agotamiento de las playas de pesca.

La PYSBE no pudo aguantar el peso de su propia estructura nacida en tiempo de su casi monopolio.

Sus dirigentes acartonados y la poca habilidad de su dirección técnica no pudieron aguantar el cambio de ciclo.

Con su altanería ni siquiera aprovecharon la nueva ley de reforma del sector pesquero que le ofrecía el 85% del valor del barco en créditos blandos para diversificar las capturas y no seguir cometiendo el crimen biológico que perpetraban, tirando a la mar todo lo que no fuese bacalao que era el que podían tratar con sus, ya antiguas, técnicas de conservación de salado y secado, por lo que seguían sobrepescando en los agotados caladeros.

El precio del bacalao se estabilizó y los costes de explotación subían exponencialmente año, tras año porque que las plantillas estaban sobredimensionadas ,las máquinas se quedaban obsoletas y la pesca bajaba alarmantemente.
 
La PYSBE, espoleada por una Pescanova que no paraba de crecer, hizo un último esfuerzo para tratar de salir su crisis intentando diversificar su explotación incorporando dos modernos atuneros congeladores.

Demasiado tarde…

Los créditos navales ya se habían terminado y no consiguieron la financiación exterior indispensable.

En vista de lo cual el Consejo de Administración de PYSBE presentó su dimisión en bloque; era 1973, y la empresa, sin cabeza rectora, presenta expediente de crisis y regulación de empleo para sus trabajadores.

Los enseres y los barcos fueron embargados por diversos acreedores y se acabarían pudriéndose amarrados a sus antiguas instalaciones que con el tiempo se convirtieron en ruinas.



Un triste fin para una gran empresa naviera y espero que el material del desguace de sus antiguas glorias, haya sido la savia que hubiera servido para el levantamiento de otros barcos y otras ilusiones.



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Material consultado
Hombres de Terranova, de Rosa Garcia Orellan y Joseba Beobide
En los grandes bancos de Terranova, de Jose M. Benevides, Luis M. Jimenez de Aberasturi y Juan Pardo
El oro español en la Guerra Civil, de Ángel Viñas
Historia de la guerra naval en Euskadi, de JM Romaña Arteaga
La Flota de PYSBE durante la Guerra Civil
El Colapso de las Pesquerías de Manuel Gómez Larrañeta
Rumbo al Gran Banco, de Rosa García-Orellán
La pesca en el País Vasco durante el siglo XX, de Ernesto López Losa
La pequeña historia de nuestros pescadores de bacalao, de Francisco Garay Unibaso
Una sucinta historia del bacalao de Enrique Pérez Sostoa
La web
http://www.marinavasca.eu/es/
El puerto pesquero de Pasajes, de José Gabriel Zurbano Melero
Además de revistas de pesca y artículos de ABC de la época.

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