Eso de cambiar a rojo los capotes para encubrir la sangría que se hace a los toros me ha recordado que en los ejércitos se hacía lo mismo.
No sé si a partir del s. XVII o XVIII, los ejércitos de Castilla utilizaban a los niños paria abandonados, para encabezar sus ejércitos. Iban provistos de un tambor que redoblaban para marcar el paso a la infantería, que iba detrás. Caían como moscas frente al fuego enemigo y, para no asustar a los de infantería, los vistieron de rojo. Así, la sangre, su sangre, apenas era vista por los que debían avanzar, generalmente en campo abierto. Los que sobrevivían a la masacre y una vez hechos unos mozos, pasaban a las filas de atrás para engrosar el ejército.
Me imagino que el uniforme rojo de los ejércitos colonialistas británicos tendría el mismo fin.
Qué cosas!
