Miedo a las profundidades, no. Miedo a los bichos grandes, no. Miedo a las medusas SIIII. Vas nadando tan tranquilo, intentando llevar el ritmo de respiración y todo eso, y de pronto, zas, una medusa que te roza en la cara o en el hombro.
La última vez que me ocurrió, volví a toda pastilla hacia el barco, y al volver, la misma medusa (sin duda) volvió a acariciarme cerca del ojo

Por eso le he cogido manía a nadar en el mar (no tiene nada que ver con bañarse con tranquilidad y mirando alrededor). Para nadar-nadar, nada como la piscina



