De esas olas, pasé bastantes cuando me tenía que enfrentar a barras bajando la marea y con ola alta. Me acuerdo de la ría de Oriñón y de la de Mundaka.
Para pasar esas olas a punto de romper, me acuerdo que aceleraba para entrar en ellas. Una vez que la proa entraba en la misma y la remontaba, desaceleraba y viraba unos grados, de tal forma que la caida la hacía por una amura y sobre el pantoque, no sobre la panza. Se nota la diferencia, pues la embarcación se apoyaba en el nervio del pantoque y apenas sufría. Cuando no hacía bien la operación por haber virado poco, el pantocazo era tremendo. Vibraba todo, hasta la dentadura y éso que es natural

.