Esto me recuerda a mis primeras inmersiones nocturnas. Buceando en el Mar Rojo hice la primera y me encantó ver a los pececillos inmóviles alumbrados por mi foco. Pero un astuto pez león nos fue acompañando en la inmersión y pez que iluminábamos, el muy cabrito se lo zampaba. Al principio nos pareció alucinante, pero según transcurría la inmersión el tío se fue zampando todo lo que iluminábamos y le cabía en la boca.
No dejo de ser una experiencia alucinante y memorable, pero los peces tienen su inteligencia y saben aprovechar las coyunturas que les propiciamos los humanos.
El avistamiento de los delfines en la proa no deja de ser una experiencia sumamente gratificante, no se si romántica o no, pero siempre agradable.
Unos tragos de mi cuenta.
