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Antiguo 31-12-2008, 15:08
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Predeterminado Re: Rincón literario

Muy buenas:

Un capítulo de mi obra de cabecera (Gog, Giovanni Papini, 1930), reflexiones de un "tosco" y misántropo multimillonario, en forma de diario, que vive su mundo con un excepticismo demoledor.

El libro no es fácil de encontrar (última en Espasa, relecturas), pero esta en la red:


http://www.ciudadseva.com/textos/novela/gog.htm

LAS OBRAS MAESTRAS DE LA LITERATURA

Cuba, 7 noviembre

Tenía necesidad, para ciertos propósitos míos, de conocer lo que los profesores de los colléges llaman las «obras maestras de la literatura». Di a un laureado bibliotecario, que me aseguraron que era un conocedor perfecto de ellas, la orden de prepararme una lista, lo más restringida posible, de obras, y de procurármelas en las mejores condiciones. Apenas me hallé en posesión de estos tesoros, no permití la entrada a nadie, y ya no me levanté de la cama.

Las primeras se me antojaron malas y me pareció increíble que tales humbugs fuesen verdaderamente los productos de primera calidad del espíritu humano. Aquello que no comprendía me parecía inútil; lo que comprendía no me gustaba o me ofendía. Género absurdo, aburrido; tal vez insignificante o nauseabundo. Relatos que si eran verdaderos me parecían inverosímiles, y si inventados, insulsos. Escribí a un profesor célebre de la Universidad de W. para preguntarle si aquella lista estaba bien hecha. Me contestó que sí y me dio algunas indicaciones. Tuve valor para leer aquellos libros, todos, menos tres o cuatro que no pude soportar desde las primeras páginas.

Huestes de hombres, llamados héroes, que se despanzurraban durante diez años seguidos bajo las murallas de una pequeña ciudad, por culpa de una vieja seducida; el viaje de un vivo en el embudo de los muertos como pretexto para hablar mal de los muertos y de los vivos; un loco hético y un loco gordo que van por el mundo en busca de palizas; un guerrero que pierde la razón por una mujer y se divierte en desbarbar las encinas de las selvas; un villano cuyo padre ha sido asesinado y que, para vengarle, hace morir a una muchacha que le ama y a otros variados personajes; un diablo cojo que levanta los tejados de todas las casas para exhibir sus vergüenzas; las aventuras de un hombre de mediana estatura que hace el gigante entre los pigmeos y el enano entre los gigantes, siempre de un modo inoportuno y ridículo; la odisea de un idiota que a través de una serie de bufas desventuras sostiene que este mundo es el mejor de los mundos posibles; las peripecias de un profesor demoníaco servido por un demonio profesional; la aburrida historia de una adúltera provinciana que se fastidia y, al fin, se envenena; las salidas locuaces e incomprensibles de un profeta acompañado de un águila y de una serpiente; un joven pobre y febril que asesina a una vieja, y luego, imbécil, no sabe siquiera aprovecharse de la coartada y acaba cayendo en manos de la Policía.

Me pareció comprender, con mi cabeza virgen, que esa literatura tan alabada se hallaba apenas en la edad de la piedra, lo que me dejó desesperadamente desilusionado. Escribí a un especialista en poesía, el cual intentó confundirme diciéndome que aquellas obras valían por el estilo, la forma, el lenguaje, las imágenes y los pensamientos y que un espíritu educado podía experimentar con ellas grandísimas satisfacciones. Le contestó que, por mi parte, obligado a leer casi todos aquellos libros en traducciones, la forma importaba poco, y que el contenido me parecía, como es, anticuado, insensato, estúpido y extravagante. Gasté cien dólares en esta consulta, sin ningún fruto.

Por fortuna conocí más tarde a algunos escritores jóvenes que confirmaron mi juicio sobre aquellas viejas obras y me hicieron leer sus libros, donde encontré, entre muchas cosas turbias, un alimento más adecuado a mis gustos. Me ha quedado, sin embargo, la duda de que la literatura sea tal vez incapaz de perfeccionamientos decisivos. Es muy probable que nadie, dentro de un siglo, se dedique a una industria tan atrasada y poco remuneradora.
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Antiguo 31-12-2008, 15:41
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Pues acabo de empezar a leerlo en el enlace que nos has puesto... y tiene muchos visos de convertirse en una de mis obras favoritas!!!

a tu salud!!!
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Antiguo 17-01-2009, 15:57
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un poco de satira



Antonio José de Irisarri



[Nota preliminar: edición digital a partir de Antonio José de Irisarri, Poesías burlescas y satíricas, Nueva York, Imprenta de Hallet & Breen, 1867, y cotejada con la edición de Poesía de la Independencia, ed. de Emilio Carilla, Caracas, Ayacucho, 1979, pp. 172-177, cuya consulta recomendamos. ]
  1. pincha aqui se lee mejor ¿En qué consiste, mi Señora Musa...?
  2. Sátira
  3. ¿En qué consiste, mi señora Musa, que todos pueden hoy ser escritores?¿Será este siglo el de la ciencia infusa?¿Será que los talentos son mejores?¿O será que el orgullo y la ignorancia 5 nos dan la presunción y petulancia?
  4. En los tiempos oscuros de mi abueloeran pocos los hombres que escribían,y aquéllos estudiaban con desvelolas cosas que tratar se proponían: 10 hoy escribe cualquiera su folletocuando apenas conoce el alfabeto.
  5. ¡Cuánto costaba hacerse literatoen aquella maldita edad de cobre!A serlo no llegaba un mentecato 15 por más tinteros que agotase el pobre;pero hoy es literato y erudito,el que pasa su vida en un garito.
  6. ¡Malditos tiempos fueron los pasados!¡Bendito diez mil veces el presente! 20 Sólo pudo nacer por sus pecadosen los primeros la cuitada genteque estudiando las noches se pasaba,y el libro de la mano no dejaba.
  7. En nuestros días, que envidiara Numa, 25 cualquiera perillán, cualquier zoquete,en teniendo papel y tinta y pluma,una mesa, una silla o taburete,escribe sin pensar en lo que escribe,y el nombre de escritor toma y recibe. 30
  8. Pensaron los antiguos como Homero,que antes de entrar al gremio de escritoresdebían ser gramáticos primero,y estudiaban los tontos, ¡qué de errores!,como si fuesen niños de la escuela, 35 la lengua que heredaron de su abuela.
  9. ¿Qué importa conocer analogía, esa sintaxis, la ortología vana,esa prosodia, ni esa ortografía?¡Invenciones de aquel que tuvo gana 40 de sujetar a regla los talentos,pretendiendo igualar entendimientos!
  10. Mira a Juan, a Martín, a Bernardillo,a Manuel y José, Pedro y Mariano,que hicieron de su lengua un baturrillo, 45 y hablaron jerigonza en castellano,sin haber dedicado una sola horaa estudiar la gramática española.
  11. Estos y otros que todos conocemos,escriben y publican sus papeles, 50 que corren por las calles todos vemosen cubiertas de dulces y pasteles,o yacen en los sucios bodegonessirviendo de escondrijo a los ratones.
  12. Escritores han sido los citados 55 que nos dieron políticos consejosde sus vanas cabezas escapados,como huyen de sus cuevas los conejossin temer al lebrel que les atrape,por más que se les grite: «¡Zape!, ¡zape!» 60
  13. ¡Todos estos Tostados fritos fueran!De su siglo encomiando la excelencialas grandes luces sin cesar ponderan;pero en Dios, en verdad, y en mi conciencia,que si son nuestros días tan brillantes, 65 brillan en ellos grandes ignorantes.
  14. De Juan de Gutenberg cantan la gloriapor haber inventado nuestra imprenta,el trasto que conserva la memoriade nuestra merecida y dura afrenta. 70 Sin estos trastos en edad tan cultamucha ignorancia quedaría oculta.
  15. La imprenta ha sido tentación impía de muchos ignorantes infelices;que de autores tuvieron la manía 75 sin saber donde tienen las naricesy nos sacaron a lucir su pataporque era el imprimir cosa barata.
  16. ¡Cuánto mejor el Gutenberg hicieraen haber inventado un armatoste 80 de que el tonto hacer uso no pudiera,o que fuera el usarlo de gran coste!Así a lo menos, pagarían carolos necios escritores su descaro.
  17. Pero el maldito Gutenberg aunado 85 con sus dos hugonotes compañeros,todo el mundo nos trae trastornado;por ellos ya no hay sastres, zapateros,ni gañanes, siquier, ni zurradores,pues que todos se hicieron escritores. 90
  18. ¿Qué ventajas nos trajo aquel invento? Las artes han perdido muchas manos,las costumbres sufrieron detrimento,ni artistas ya se encuentran, ni artesanos:están sin oficiales los oficios, 95 y entregados los hombres a los vicios.
  19. Pues tantos males nos trajiste, imprenta,al demonio te doy de buena gana,y al ente sin razón que te fomenta.Acábase contigo la jarana 100 que a los hombres nos trae tan revueltosdesde que andan por ti los diablos sueltos.
  20. Lluvia de rayos sobre el suelo venga,que los tipos destruya y fundidores,y cuanto al arte de imprimir convenga; 105 así tendrán los campos labradores,volverá el zapatero a su zapato,el sastre a su tijera, el pillo al hato.
¿y que diría del interné? con lo que escribimos algunos:mepart o:
__________________
Mar,yo pienso en vano,
actúo,vivo y obro en vano.

Cesar Simon.

Editado por botarate en 17-01-2009 a las 16:04.
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  #4  
Antiguo 04-06-2009, 17:40
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Predeterminado Re: Rincón literario

Hola a todos
Mi amigo Marino, nació rodeado de mar en la Isla de Arosa y le gusta narrar, e aqui algunos de sus escritos (verídicos).










Publicado por Marino
el Enero 15, 2008
A los dos viejos marineros, aburridos aquella tarde y sin dinero, se les ocurrió algo realmente sorprendente. La escuadra inglesa de guerra llevaba varios meses en lo más profundo de la ría de Arosa y daba la impresión de no moverse de allí en vaya usted a saber cuantos años.


Le dice uno al otro: ¿ei, Jose, por qué non collemos a dorna e lles vendemos aos ingleses esas ducias de ostras que temos na casa? Al tal José, primero muy sorprendido, se le iluminaron después sus ojillos comidos por la salitre y le contestó que le parecía muy buena idea. José, el Tordillo, y Juan, el Paloma, se subieron enseguida, a una de sus dornas e hicieron rumbo al “Cabo,” donde se encontraba el mas cercano de los monstruos ingleses.
Al llegar a un costado, llamaron la atención de dos marineros que hablaban a proa, a muchos metros sobre el Tordillo y el Paloma.
Estos se desgañitaban tratando de llamar su atención. Por fin lo consiguieron, le señalaron las ostras y los ingleses terminaron echándoles un caldero atado con un cabo. Poco más tarde, las ostras viajaban hacia los reinos flotantes ingleses. José y Juan vieron a la pareja como desaparecían de la borda.
Lo que a continuación siguió fue fruto del innoble procedimiento inglés en el trato con la confiada marinería del resto del mundo, o así lo pensaron los viejos: al unísono, todos los barcos empezaron a soltar humo por sus chimeneas, recoger las cadenas de sus rezones y virar hacia la boca de la ría.
Los atribulados Tordillo y Paloma salieron a todo remo, separándose del costado del monstruo, mientras Juan le decía al Tordillo:
¡Ei, compañeiro, e estes cabróns de ingleses non se van por non pajar as ostras!




Publicado por Marino
el Enero 15, 2008
Nada resulta más misterioso y emocionante que algo encontrado en el mar. Si esto resulta ser en una tarde en la que tres niños tripulamos una pequeña chalana construida con bidón de hierro y nuestra joven inventiva y que lo encontrado era el equivalente ingles de uno de nuestros TBOS, aunque con tapas, que lo protegieron de la inevitable mojadura ya no me quedó duda, años más tarde, que la cultura llegó por el mar.


Aquel tesoro me hubiera gustado no tener que compartirlo. Yo no sabía ingles, desde luego, pero misterio sobre misterio, si está mojada no existe la lengua muerta y el verdadero disfrute exige la soledad. Hoy gozo, todavía, la magia de las viñetas mojadas sesenta años después.




Publicado por Marino
el Enero 15, 2008
Todos nacemos del mar. Pero yo más: soy isleño. Cuando tenia 4 ó 5 años, el mar se adueñaba de mis noches, supongo que de las de todos los niños de la Isla y se hacia presencia en el tacto frio y en el golpe de sonido sordo contra las rocas del acantilado, que empezaban nada mas salir del portalón de la finca. Por fin, sobre las seis de la mañana venia la calma: la última dorna de la playa descendía rodando sobre los rolos de madera; el sonido recordaba el de una ametralladora. Yo, por fin, me arrebujaba entre las ropas de la cama y dormía mi mejor sueño. El mar me entregaba una de sus muchas dádivas.
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  #5  
Antiguo 04-06-2009, 21:36
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Predeterminado Re: Rincón literario

Blues de
la monja y el ingeniero de caminos

Incluso en las circunstancias mas adversas, le cabe al ser humano la posibilidad de darle a su vida un giro brillante e inesperado que mejore la apariencia de las cosas. Un tipo me contó de madrugada que su mujer llevaba años engañándole con un amigo común. Al principio trató de remediarlo y se sinceró con ella. Le dio la opción de olvidar el asunto, romper unas cuantas cartas, devolver por correo las llaves de un apartamento y regresar sin represalias al redil. Fue inútil. Ella se mantuvo en sus trece. Entonces el marido optó por darle un giro surrealista a la fatalidad. Una noche se hizo el encontradizo con el amante de su esposa y sin mostrar el más mínimo rencor, le dijo: "¿Sabes que mi mujer te pone los cuernos conmigo?".

De lo que se trata es de relativizar los fracasos y de aceptar que las cosas nos ocurren sobrevenidas por el peso muerto de la fatalidad. Nos irá mejor si le aplicamos al análisis de nuestras vidas los criterios aplastantes, mecánicos y racionalistas con los que los matemáticos resuelven en la pizarra, como una pagoda de tiza, sus castillos algebraicos. De niños creíamos que la vocación religiosa era algo que nos inculcaba Dios y que poseídos por el ensalmo de aquella apuesta divina, estábamos llamados al obispado, al cardenalato, y quien sabe si al solio pontificio. Nos dijeron entonces que la santidad era una cosa que te daba de niño, como las paperas, y podía marcarte de por vida. ¡Pamplinas!
Al relativizar tu pasado recuerdas el caso de aquellas dos hermanas cuyos caminos se separaron para dar en paraderos tan distintos. En M., que era la fecha de las dos, se fijó Dios y le arrastró a la atmósfera ensimismada del noviciado. En cambio, en su hermana E., que era tan guapa, se fijó un ingeniero de caminos. Me dijo de madrugada mi amigo el ex boxeador: "Muchacho, de niño acaricié el sueño del sacerdocio. Luego eché metro y medio de espaldas y me engordaron tanto las manos que tuve que hacerle bolsillos nuevos a la ropa. Acabé partiéndome la cara encima de un ring. El destino es raras veces correlativo con los sueños. De haberme dejado llevar por mi equivocada vocación sacerdotal, con mi cuerpo sólo podría haberme colocado de capellán en la Mafia siciliana". Eso dijo mi viejo amigo y creo que no le faltaba razón. Su vida fue un derroche de mala suerte. A veces incluso su perro fingía no conocerle. Cayó en bancarrota, y en lo mas bajo de su caída, maldita sea, a mi viejo y querido amigo ya sólo le quedaban de su propiedad las jodidas pupilas azules escondidas bajo las plantas de los pies. Hay tipos que es como si hubiesen nacido con la cara dentro del culo. Pero sobreviven porque saben que en el fondo, a menudo la vida consiste en acertar con los errores...

JOSÉ LUIS ALVITE


p.d. kung fu . . . ha muerto.
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Antiguo 05-06-2009, 23:56
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Predeterminado Re: Rincón literario

El pueblo en la cara

Cuando yo salí del pueblo, hace la friolera de cuarenta y ocho años, me topé con el Aniano, el Cosario, bajo el chopo del Elicio, frente al palomar de la tía Zenona, ya en el camino de Pozal de la Culebra. Y el Aniano se vino a mí y me dijo: «¿Dónde va el Estudiante?». Y yo le dije: «¡Qué sé yo! Lejos». «¿Por tiempo?» dijo él. Y yo le dije: «Ni lo sé». Y él me dijo con su servicial docilidad: «Voy a la capital. ¿Te se ofrece algo?». Y yo le dije: «Nada, gracias Aniano».
Ya en el año cinco, al marchar a la ciudad para lo del bachillerato, me avergonzaba ser de pueblo y que los profesores me preguntasen (sin indagar antes si yo era de pueblo o de ciudad): «Isidoro, ¿de qué pueblo eres tú?». Y también me mortificaba que los externos se dieran de codo y cuchichearan entre sí: «¿Te has fijado qué cara de pueblo tiene el Isidoro?» o, simplemente, que prescindieran de mí cuando echaban a pies para disputar una partida de zancos o de pelota china y dijeran despectivamente: «Ése no; ese es de pueblo». Y yo ponía buen cuidado por entonces en evitar decir: «Allá en mi pueblo»...
«Eldía que regrese a mi pueblo», pero, a pesar de ello, el Topo, el profesor de Aritmética y Geometría, me dijo una tarde en que yo no acertaba a demostrar que los ángulos de un triángulo valieran dos rectos: «Siéntate, llevas el pueblo escrito en la cara». Y, a partir de entonces, el hecho de ser de pueblo se me hacía una desgracia y yo no podía explicar cómo se cazan gorriones con cepos o colorines con liga, ni que los espárragos, junto al arroyo, brotaran más recio echándoles porquería de caballo, porque mis compañeros me menospreciaban y se reían de mí. Y toda mi ilusión, por aquel tiempo, estribaba en confundirme con los muchachos de ciudad y carecer de un pueblo que parecía que le marcaba a uno, como a las reses, hasta la muerte. Y cada vez que en vacaciones visitaba el pueblo, me ilusionaba que mis viejos amigos, que seguían matando tordas con el tirachinas y cazando ranas en la charca con un alfiler y un trapo rojo, dijeran con desprecio: «Mira el Isi; va cogiendo andares de señoritingo». Así, en cuanto pude, me largué de allí, a Bilbao, donde decían que embarcaban mozos gratis para el Canal de Panamá y que luego le descontaban a uno el pasaje de la soldada. Pero aquello no me gustó, porque ya por entonces padecía yo del espinazo y me doblaba mal y se me antojaba que no estaba hecho para trabajos tan rudos y, así de que llegué, me puse primero de guardagujas y después de portero en la Escuela Normal y más tarde empecé a trabajar las radios Philips que dejaban una punta de pesos sin ensuciarse uno las manos. Pero lo curioso es que allá no me mortificaba tener un pueblo y hasta deseaba que cualquiera me preguntase algo para decirle: «Allá, en mi pueblo, el cerdo lo matan así, o asao». O bien: «Allá, en mi pueblo, los hombres visten traje de pana rayada y las mujeres sayas negras, largas hasta los pies». O bien: «Allá, en mi pueblo, la tierra y el agua son tan calcáreas que los pollos se asfixian dentro del huevo sin llegar a romper el cascarón».
O bien: «Allá, en mi pueblo, si el enjambre se larga, basta arrimarle una escriña agujereada con una rama de carrasco para reintegrarle a la colmena». Y empecé a darme cuenta, entonces, de que ser de pueblo era un don de Dios y que ser de ciudad era un poco como ser inclusero y que los tesos y el nido de la cigüeña y los chopos y el riachuelo y el soto eran siempre los mismos, mientras las pilas de ladrillo y los bloques de cemento y las montañas de piedra de la ciudad cambiaban cada día y con los años no restaba allí un solo testigo del nacimiento de uno, porque mientras el pueblo permanecía, la ciudad se desintegraba por aquello del progreso y las perspectivas de futuro.

Viejas historias de Castilla La Vieja. Miguel Delibes.

más o menos.
__________________


Quiero vivir la vida aventurera
de los errantes pájaros marinos;
no tener, para ir a otra ribera,
la prosaica visión de los caminos.

Poder volar cuando la tarde muera ...
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  #7  
Antiguo 17-06-2009, 02:06
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Cita:
Originalmente publicado por slocum Ver mensaje
El pueblo en la cara


Cuando yo salí del pueblo, hace la friolera de cuarenta y ocho años, me topé con el Aniano, el Cosario, bajo el chopo del Elicio, frente al palomar de la tía Zenona, ya en el camino de Pozal de la Culebra. Y el Aniano se vino a mí y me dijo: «¿Dónde va el Estudiante?». Y yo le dije: «¡Qué sé yo! Lejos». «¿Por tiempo?» dijo él. Y yo le dije: «Ni lo sé». Y él me dijo con su servicial docilidad: «Voy a la capital. ¿Te se ofrece algo?». Y yo le dije: «Nada, gracias Aniano».
Ya en el año cinco, al marchar a la ciudad para lo del bachillerato, me avergonzaba ser de pueblo y que los profesores me preguntasen (sin indagar antes si yo era de pueblo o de ciudad): «Isidoro, ¿de qué pueblo eres tú?». Y también me mortificaba que los externos se dieran de codo y cuchichearan entre sí: «¿Te has fijado qué cara de pueblo tiene el Isidoro?» o, simplemente, que prescindieran de mí cuando echaban a pies para disputar una partida de zancos o de pelota china y dijeran despectivamente: «Ése no; ese es de pueblo». Y yo ponía buen cuidado por entonces en evitar decir: «Allá en mi pueblo»...
«Eldía que regrese a mi pueblo», pero, a pesar de ello, el Topo, el profesor de Aritmética y Geometría, me dijo una tarde en que yo no acertaba a demostrar que los ángulos de un triángulo valieran dos rectos: «Siéntate, llevas el pueblo escrito en la cara». Y, a partir de entonces, el hecho de ser de pueblo se me hacía una desgracia y yo no podía explicar cómo se cazan gorriones con cepos o colorines con liga, ni que los espárragos, junto al arroyo, brotaran más recio echándoles porquería de caballo, porque mis compañeros me menospreciaban y se reían de mí. Y toda mi ilusión, por aquel tiempo, estribaba en confundirme con los muchachos de ciudad y carecer de un pueblo que parecía que le marcaba a uno, como a las reses, hasta la muerte. Y cada vez que en vacaciones visitaba el pueblo, me ilusionaba que mis viejos amigos, que seguían matando tordas con el tirachinas y cazando ranas en la charca con un alfiler y un trapo rojo, dijeran con desprecio: «Mira el Isi; va cogiendo andares de señoritingo». Así, en cuanto pude, me largué de allí, a Bilbao, donde decían que embarcaban mozos gratis para el Canal de Panamá y que luego le descontaban a uno el pasaje de la soldada. Pero aquello no me gustó, porque ya por entonces padecía yo del espinazo y me doblaba mal y se me antojaba que no estaba hecho para trabajos tan rudos y, así de que llegué, me puse primero de guardagujas y después de portero en la Escuela Normal y más tarde empecé a trabajar las radios Philips que dejaban una punta de pesos sin ensuciarse uno las manos. Pero lo curioso es que allá no me mortificaba tener un pueblo y hasta deseaba que cualquiera me preguntase algo para decirle: «Allá, en mi pueblo, el cerdo lo matan así, o asao». O bien: «Allá, en mi pueblo, los hombres visten traje de pana rayada y las mujeres sayas negras, largas hasta los pies». O bien: «Allá, en mi pueblo, la tierra y el agua son tan calcáreas que los pollos se asfixian dentro del huevo sin llegar a romper el cascarón».
O bien: «Allá, en mi pueblo, si el enjambre se larga, basta arrimarle una escriña agujereada con una rama de carrasco para reintegrarle a la colmena». Y empecé a darme cuenta, entonces, de que ser de pueblo era un don de Dios y que ser de ciudad era un poco como ser inclusero y que los tesos y el nido de la cigüeña y los chopos y el riachuelo y el soto eran siempre los mismos, mientras las pilas de ladrillo y los bloques de cemento y las montañas de piedra de la ciudad cambiaban cada día y con los años no restaba allí un solo testigo del nacimiento de uno, porque mientras el pueblo permanecía, la ciudad se desintegraba por aquello del progreso y las perspectivas de futuro.

Viejas historias de Castilla La Vieja. Miguel Delibes.

más o menos.
¡Qué bien escribe este hombre!

Gracias, Slocum.

__________________
Vive y deja vivir,
pero vive como piensas,
o acabarás pensando como vives.

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  #8  
Antiguo 18-06-2009, 00:16
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Predeterminado Re: Rincón literario

mmmm . . . pelillos a la mar. buenas noches crimilda, celebro tu regreso.

. . .

-Ya he dicho que no me ha probado nadie todavía que esas que llama Vd. ilusiones buenas, nacidas de la fe, de un alto sentimiento religioso o de una bien ordenada y discreta fantasía poética, sean tales ilusiones en lo esencial. Quedan, pues, ilusiones malas, o dígase verdaderas ilusiones. Contra éstas combato, y afirmo que no las he tenido nunca, y que si las hubiese tenido alguna vez, no me quejaría de perderlas.
-Ponga Vd. -dijo Serafinito- algunos ejemplos de esas ilusiones.
-Nada más fácil -contestó D. Juan-. Hay una señorita en Madrid, elegante, algo coqueta, no muy rica, y que ha llegado a cumplir veinticinco años, sin casarse. Las ilusiones de esta señorita consistían en coger un marido rico, titulado si fuese posible, sufrido de condición, poco gastador, a fin de que ella lo pudiese gastar todo o casi todo, etc., etc. Como estas ilusiones no se han realizado, la señorita exclama a cada momento que ya no hay amor en el mundo, que pasaron los tiempos de Isabel y Marcilla y de Julieta y Romeo, que vivimos en un siglo de prosa y que ha perdido las ilusiones. Hay una dama casada con un funcionario público, cariñoso, afable, buen papá, marido tierno y enamorado; pero da la maldita casualidad de que uno de sus compañeros, quizás con menos sueldo y quizás con más intermedios de cesantía, se arregla de suerte que tiene para butacas en los teatros y para más moños y trajes, y tal vez hasta para palco en la Ópera o para ir a Biarritz a veranear, mientras que él, trabaja que trabaja siempre, y sin salir de apuros y ahogos. La dama que, en vista del ejemplo, se había forjado sus ilusiones, conoce al cabo que es imposible hacer carrera con su marido, y las pierde. Desde entonces se lamenta a cada instante de que no ha realizado su ideal, de que los maridos son monstruos o zotes, de que la poesía del hogar doméstico no es dable en esta edad infecta en que vivimos, y de que ya no volverán a la vida Baucis y Filemón. Entra a servir en cualquiera casa una cocinera. El ama toma la cuenta todos los días, y procura, informándose de los precios, que la cocinera sise lo menos posible. La cocinera pierde entonces sus ilusiones; dice que la hidalguía, el desprendimiento, la magnanimidad de los señores bien nacidos pasaron para siempre, y que ahora vivimos en un siglo metalizado, ruin, plebeyo y cicatero. Va a Madrid un joven bien plantado, chistoso, ameno, que se viste con el mejor sastre y se pasea en la Castellana. No se enamoran de él las duquesas ni las marquesas, las ricas herederas le dan calabazas, y sólo se le muestra propicia, si acaso, la hija del ama de la casa de huéspedes donde vive. Este joven pierde también sus ilusiones, y decide que las mujeres del día no tienen más que vanidad y soberbia y carecen de corazón. Pierden, por último, las ilusiones, el coplero insufrible que presume de poeta y no halla quien lea sus versos; el periodista ambicioso que no llega a ministro; el autor dramático que es silbado; el médico que no tiene enfermos; el abogado que no tiene pleitos; el hipócrita a quien no creen sus embustes, y hasta el que juega a la lotería y no saca el premio gordo. Para todos éstos la corrupción de nuestro siglo es espantosa, la falta de ideal evidentísima, la carencia de religión horrible; y un destino ciego y perseguidor de la virtud gobierna y dispone los acontecimientos humanos.
-Infiérese de cuanto Vd. alega, que sólo los tunantes, torpes o desdichados, tienen ilusiones y las pierden.
-Son los que más ilusiones tienen y las pierden -prosiguió D. Juan contestando a mi interrupción-. No niego, sin embargo, que hay multitud de personas honradas que se forjan ilusiones y que se lamentan luego de haberlas perdido; pero, si no implica falta de honradez el tener cierta clase de ilusiones y el lamentar su pérdida, implica al menos falta de juicio y poca entereza de carácter.
-Aclare Vd. eso también con ejemplos -dijo Serafinito.
-Voy a aclararlo. Hay una señora pobre y muy virtuosa y honesta, que sabe resistir a toda seducción, y que sufre con su marido molestias y privaciones sin cuento; pero pasan los años, no la saludan con más respeto a causa de su honestidad, porque la fama no ha de ir publicándola a son de clarín, y nadie le da joyas, ni palco, ni coche, porque eclipse a Lucrecia; de manera que sigue tan desvalida y poco considerada como antes. Aquí encaja entonces el que la buena señora empiece a rabiar, a lamentarse de que ha perdido las ilusiones, y a decir que la sociedad es un lupanar inmundo, donde sólo las malas mujeres consiguen ir en landó y vestir sedas y encajes, y adornarse con diamantes y perlas. Las ilusiones de esta señora habían consistido en creer que la virtud podría y debería traer satisfacciones de amor propio y ventajas y regalos materiales, como si la virtud, con tan vil precio, fuese verdadera virtud, y proporcionando su ejercicio lo que la señora quería, no viniese a ser prenda de los más bribones. Este segundo modo de ilusionarse es una terrible enfermedad que se apodera a veces de generosos y nobles espíritus, aunque falsos y extraviados. Consiste en rebajar las más nobles prendas y excelencias de nuestro ser buscándoles una finalidad vulgar, queriendo convertir en útil lo bello o lo sublime. La virtud, el genio, la ciencia, la poesía, podrán ser útiles en ocasiones al individuo que las posee; pero no es su fin principal la utilidad. Es más: el que se propone sacarla de su virtud, de su ciencia o de su poesía, deja al punto de ser sabio, virtuoso o poeta. Para fines bajos importa emplear bajos medios: los medios elevados conducen sólo a fines que lo son también.
. . .

Las ilusiones del doctor Faustino - Juan Valera

a lo mejó . . .
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Crimilda (19-06-2009)
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Originalmente publicado por vigiadeoccidente Ver mensaje
Muy buenas:

Un capítulo de mi obra de cabecera (Gog, Giovanni Papini, 1930), reflexiones de un "tosco" y misántropo multimillonario, en forma de diario, que vive su mundo con un excepticismo demoledor.
Curioso personaje Papini, primero ateo y luego teólogo, quien decía: “Temo a un solo enemigo que se llama, yo mismo”. Su pasión era la polémica. En ese fragmento que nos has traído, su Gog se atreve a tachar de “infumables” obras literarias míticas como La Iliada, El Quijote, La divina comedia, Fausto, Hamlet, Crimen y Castigo

Yo leí hace muchísimos años Gog y, posteriormente, compré “El libro negro” que era su continuación. Todavía lo conservo. De él transcribo una de las curiosas “experiencia” de Gog.



MUERTE A LOS MUERTOS
Ciudad de Méjico, 25 de abril.

- Señor, ¿pertenece usted al partido de los vivos o al de los muertos?

Así me interpeló anoche el joven vestido de negro que se sentaba a mi lado en la desierta sala del Bar de la Revolución.

No le respondí y lo miré fijamente; hasta ese momento no había reparado en su presencia: su rostro era alargado como el de algunas figuras del Greco, era moreno y delgado, tenía bigotes negros bien recortados, unos ojos vivaces de gato salvaje a la espera de saltar sobre su presa. Tenía algo de bandido y de poeta, algunos de sus rasgos hacían pensar en antepasados indios.

Pensé primeramente que mi interpelante habría bebido excesivamente, y recordé que con los borrachos conviene ser sincero, por lo cual le respondí que no comprendía bien su pregunta.

- Usted es viejo - afirmó desdeñosamente el desconocido joven, y debería saber mejor que yo que los muertos perjudican y subyugan de mil maneras a los vivos. Los muertos, muertos están sin duda, pero son infinitamente más numerosos que los vivos, y en todas las guerras triunfa en definitiva la superioridad en número; además, los muertos no tienen nada que perder y están seguros de su inmunidad y de su impunidad; son prepotentes, maliciosos, malignos, ¡pobre de quien no sabe defenderse de los muertos! Siempre llevamos la peor parte; ¿recuerda la vieja frase francesa? Le mort saisit le vif . Tienen un poderoso aliado: el miedo y la superstición de los vivos. ¿Sigue mis explicaciones?

- Sigo sus palabras, pero aún no comprendo bien qué es lo que quiere demostrar y a dónde quiere llegar.

-¿No es usted el famoso mister Gog? Me habían dicho que no sólo era un hombre rico, sino también - excepción muy rara entre los potentados del dinero, que además era inteligente. Tal vez me han informado mal, y ahora le pido disculpas por haber expuesto razonamientos que trascienden su inteligencia de simple propietario de dólares.

- Tenga un poco de paciencia, amigo. Quizá logre comprender si tiene la cortesía de añadir alguna dilucidación concreta. Me atraen todas las ideas, ninguna me espanta.

- Le dedicaré entonces diez minutos más, y no más de diez minutos porque no tengo tiempo para desperdiciar. Así pues, le diré que quiero proclamar y conducir la revolución más formidable que se ha visto sobre la tierra desde el Diluvio Universal: la revolución de los vivos contra los muertos. Creemos ingenuamente que los muertos no existen, siendo así que durante siglos usurpan nuestro espacio y nuestro tiempo, dominan nuestro pensamiento, nos oprimen con sus fantasmas y con sus antojos. Los muertos son señores y dueños de los vivos. Es necesario concluir de una vez con esta engañosa y perpetua esclavitud.

»Fíjese en nuestras escuelas: gran parte del tiempo de enseñanza se emplea para explicar y aprender las vicisitudes, aventuras, vergüenzas y teorías acerca de los muertos. La historia, ese ídolo de la gente moderna, no es más que un interminable y aburrido Libro de los Muertos.

»En política debemos obedecer constituciones, leyes, costumbres y fórmulas que, en grandísima proporción, son obras elaboradas con el pensamiento de personas muertas. En la vida privada nos vemos obligados a obedecer las llamadas «últimas voluntades» de los muertos, sus quirógrafos, sus testamentos espirituales y no espirituales. En los países católicos se recurre diariamente a los sacerdotes para oficiar ceremonias con el objeto de lograr la salvación eterna de los muertos. Nuestros museos están llenos de obras de muertos célebres que, con el prestigio de su antigüedad, impresionan a los jóvenes, desvigorizan los ingenios y obstaculizan cuanto pueden el surgimiento de novedades. Muchos de los artistas se ven atados aún ahora a los cánones de la escultura griega de veinticinco siglos atrás y a los preceptos de los pintores muertos hace quinientos años.

»En nuestras plazas se pavonean difuntos famosos, ya sea a caballo y con el sable desenvainado en alto, amenazando, ya sentados como pensadores, vestidos con ropas pasadas de moda.

»En todos los países del mundo hay millares de imbéciles: espiritistas, magos, metafísicos, que pretenden evocar a los muertos o, por lo menos, trabar con ellos alguna relación misteriosa.

»Finalmente, los muertos ocupan una grandísima extensión de la superficie terrestre. Los cementerios, que cada día se multiplican y se amplían, son una creciente amenaza de carestía y de hambre. Aumenta la población, y al mismo tiempo las áreas cultivables, aptas para proporcionar alimento a los vivientes, se convierten en «lugares para el último descanso de los muertos». Si en los milenios pasados no se hubiera destruido a las necrópolis, hoy en día no habría ni una hectárea de terreno para sembrar trigo. Hay en la tierra demasiadas tumbas, demasiados sepulcros, túmulos, campos santos, capillas funerarias, etc. ¡O matamos por segunda vez a los muertos o éstos nos harán morir, dentro de poco, como a perros hambrientos!

»Supongo que ahora habrá comprendido la necesidad, más aún, la urgencia de la revolución que quiero promover. Es preciso cambiar, y en el menor tiempo posible, el estado actual de esas cosas: el dominio de los fallecidos sobre los vivientes. Ya he elegido la palabra de orden: ¡Muerte a los muertos!, ¡vivan los vivos!

»¿Quiere ayudarme con su dinero? Se precisan grandes sumas: para la propaganda de la idea, para la destrucción de los monumentos y de los cementerios, para la violenta supresión de todos los traidores partidarios y cómplices de los muertos. ¿Qué quiere ser usted?, ¿una de nuestras columnas o una de nuestras víctimas?».

- Finalmente - le respondí, he podido comprender perfectamente el sentido y la finalidad de sus razonamientos. Me ha persuadido de que los muertos son más poderosos que los vivos, y consiguientemente, como ya soy viejo, cosa que usted ha hecho observar gentilmente, prefiero pertenecer al partido de los más fuertes.

El joven vestido de negro permaneció un momento sin saber qué decir, y, yo aproveché su confusión para salir del bar y subir prestamente en el automóvil que me estaba esperando afuera.


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Vive y deja vivir,
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  #10  
Antiguo 03-01-2009, 20:16
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Xinanhook, excelente fragmento, contra la mediocridad . . . cyrano, muy bien expresada la antítesis en dos párrafos magistrales. algún dia lo leeré completo, cuando tenga tiempo, hay tanto que leer . . . saludos
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  #11  
Antiguo 04-01-2009, 13:20
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Saludos:
Transcribo un poema de un poeta actual, Juan manuel González, podemos pensar que sabe de navegación; espero que os guste.

<<BAJO UN LIEDER DE SCHUBERT

No son estas aguas someras,
únicamente la locura valiente de las rocas
frena la insoportable crueldad de la mar
rompiendo sueños y jarcias, vergas y amuras,
contra la oquedad infinita
que el vértigo del tiempo abre en los acantilados.

Solo la sencillez del sentimiento
acunada en la vieja canción venida del norte
evita la escora de la vida, lo fatal de una travesía agotada,
el giro bastardo de las cabillas del timón,
impotente frente a las velas lacias,
el llanto, allá arriba, de los mástiles y los cuadernales rotos.

Espuma a espuma, cambia la marea,
se afloja la hilera blanca que avanza y retrocede,
para salvar a todo esquife perdido en la bruma,
ciego, lívido, torpe cabeceo a sotavento, sin troel ni brújula,
cubierto de salitre seco, despojado de anclas,
en el que nos convertimos cuando la voluntad de visctoria se doblega.

Entonces, el sol asoma más de un grado sobre el horizonte recto,
brazo rojo, abrasador, protector y poniente,
marcando una estela limpia, pulida,
hacia el otro lado de la luz, antes de desvanecerse.
Y tu voz crece, hecha camino, despreciando pesadillas, negando peligros,
para recordar cómo el alma no es otra cosa que olas; el destino, viento.>>

En la Boca do Enferno, junto a Cascais, escuchando GESANG DER GEISTER ÜBER DEN WASSEN; palabras de Goethe.
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