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#1
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Buenos días cofrades.
Pídanse un roncito de esos que se toman sin prisa, calentando el gaznate, y siéntense, que les cuento. Se trata de un sucedido que no llega siquiera a poder ser llamado una historia, lo dejaríamos más bien en un mero hecho anecdótico. No obstante, como me ocurrió a mí, yo quiero a este hecho igual que se quiere a un hijo feo, con amor sincero, y aprendiendo a ser humilde. Les cuento. Hace unos tres años que me saqué el PER y empecé a navegar y a descubrir esta actividad que me encanta. Navego poco y de charter, debo decir, por lo que sigo siendo (y seré durante mucho tiempo) un grumetillo con título entre los dientes y bastante poca experiencia. Precisamente en la lista de los bagajes de esa experiencia, se encuentra el sucedido que paso a narrarles, y que me ocurrió hace ahora poco más de año y medio. Sepan disculparme aquellos aguerridos y bregados marineros que al leerlo sonrían con aire paternal o incluso con sorna por si lo que yo considero como dice el título de este hilo, “mi primera castaña”, forma parte de su desayuno diario. Como he comentado, soy novato y cada uno vive las experiencias con el grado de magnitud que su naturaleza tiene a bien aportarle. Por ponerles a ustedes en situación, les diré que soy de Zaragoza y suelo ir a navegar un promedio de una vez al mes por aguas de Vilanova y la Geltrú, donde he conocido a los que ahora son unos estupendos amigos con los que llevo ya compartidas algunos cientos de millas, varios rones y unas cuantas guardias nocturnas en la bañera, tanto por la Costa Dourada como por travesías interinsulares. Allí en Vilanova solemos alquilar veleros de diversas esloras en cierta empresa de cuyo nombre no debo acordarme para no vulnerar normas del foro. Era noviembre, y mis amigos y cofrades Reivah y Krank (bastante más bregados que yo en el arte de la vela) y un servidor llevábamos tiempo queriendo probar una eslora más pequeña de lo habitual Para ello contactamos con otra empresa del mismo puerto que alquila Tucanas de 21”, con la que nunca habíamos alquilado, y reservamos un barco para una mañana de sábado. Toda la semana habíamos estado mirando con inquietud la previsión, pues la meteo era incierta, y no sabíamos hasta qué punto propicia para una navegada tranquila. Tanto mis amigos como yo nos consideramos a día de hoy sensatos y poco amantes de los riesgos innecesarios, por lo que el plan contemplaba abortar la salida si llegado el día las condiciones no eran favorables. Mi problema es que yo vivo en Zaragoza y para esa navegada tenía que salir de casa a las 6 de la mañana y zumbarme los 270 km de coche para llegar a puerto. Si una vez allí, donde a las 9 ya puedes mirar las nubes y sentir si el aire en la cara te acaricia o te araña, se decide que no se sale, mi viaje y mi madrugón habrían sido en vano. Sabido esto, y en vista de que la previsión no era buena pero tampoco mala del todo, el viernes por la noche tomo la decisión, en consenso con mis amigos, de prepararme para el madrugón, viaje y posterior navegada. Con el despertador ajustado, me marcho con Morfeo. El sábado por la mañana, la previsión es como la de toda la semana, incierta. Ya en el puerto, el cielo está desagradablemente cerrado y la fría brisa de las 9 de la mañana, que poco suele tener que ver con la de un par de horas después, no ayuda mucho. Aún así tomamos la decisión: navegamos. Serán sólo 3 o 4 horas por los alrededores de la costa, si la cosa se pone fea, a puerto. Cuando nos presentamos frente a los Tucana (la empresa cuyo nombre tampoco diré en abierto, creo recordar que tiene tres unidades allí amarradas), no vemos a ningún patrón, ni armador, ni persona encargada esperándonos. Tras un rato llamando a los dos teléfonos que tenemos de la empresa sin que conteste nadie, preguntamos a alguien del puerto que pasaba por allí, quien levantando la vista nos indica que la responsable de la empresa está fuera del recinto pero a la vista, a unos 50 metros de nosotros, en una feria náutica que se celebraba esos días en la ciudad. Tras cuatro gritos mal dados por nuestras cuerdas vocales, esta persona nos oye, se acerca y al identificarnos nos dice algo así como: - …Con esta previsión no pensé que fuerais a venir.Tras contar los pares de narices que se nos habían puesto, y prometer que nunca más vamos a querer saber nada de esta empresa y de esta persona, nos dirigimos a la otra empresa con la que habitualmente charteamos, y le contamos lo que nos ha pasado. Dicho y hecho, a las 10:00 estamos saliendo de puerto con un 32”. No es la pequeña eslora que queríamos, pero al menos nuestro plan B nos ha permitido hacernos a la mar. ...
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El auténtico viaje de descubrimiento no consiste en buscar nuevas tierras, sino en tener nuevos ojos” (Marcel Proust). Hice un acuerdo de coexistencia pacífica con el tiempo: ni él me persigue, ni yo huyo de él. Algún día nos encontraremos. |
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#2
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(Continúa)
Desde el principio salimos con el chaleco puesto, no vaya a ser que surja algún imprevisto o cualquier golpe de ola traicionero. No esperábamos ningún cabo de Hornos, pero insisto en que la meteo estaba bastante abierta. La meteo no era buena para una navegada tranquila, pero curiosamente no por malas condiciones, sino por un viento caprichoso, rolón y muy racheado, que no obstante no llegaba a ser peligroso en ningún momento, sólo incómodo como ya digo. Lo mismo desaparecía de golpe, dejándonos a la deriva, que volvía enseguida de direcciones insospechadas, así que decidimos poner motor para coger algo de mar y buscar vientos más estables. La estrategia funciona y al final conseguimos navegar con arrancada, estableciendo los rumbos deseados a cada momento, y haciendo las maniobras que íbamos considerando oportunas. La mañana transcurría agradablemente, los aperitivos acabaron siendo historia cuando llegó el momento, y navegar volvía a ser un placer otoñal. Así estuvimos hasta la una del mediodía aproximadamente, cuando nos encontrábamos a unas cinco millas de tierra según el plotter, y decidimos dar por terminada la navegación y volver a puerto. De pronto Eolo dice que ya es hora de comer, y ha visto tres boquerones por la Costa Dourada que tienen buena pinta. El viento de repente sube con una intensidad y una rapidez que no había visto antes, sin aviso y sin cita previa, viniendo del SW. La ola empieza a crecer en altura y manteniendo su típica frecuencia mediterránea, viniendo también la misma dirección que el viento. Nuestro rumbo directo a puerto era NW, por lo que el ataque de los elementos nos entra por el través de babor, provocando importantes escoras que me empiezan a poner los timones de corbata. Yo estaba a la rueda y empecé a ver que la cosa se ponía seria, pero seria de verdad. Las condiciones para entonces ya eran las peores que yo había conocido a bordo de cualquier cosa flotante, reconozco que debido a mi bisoñez no hacía falta mucho para eso, pero el problema es que el tiempo seguía empeorando, y a una rapidez vertiginosa. Mis compañeros empezaron a recoger velas y enrollan el génova enseguida, sin problemas. Con la mayor ni nos planteamos rizar, a la rapidez a la que está subiendo el viento hay que recogerla entera y volver a puerto a motor. Reivah y Krank tomaron la sabia decisión de engancharse a la línea de vida de babor (este barco lleva un cable de acero en cada banda, para tal fin). Y hecho esto se pusieron a recoger la mayor, que este barco es enrollable, tan cómoda en algunas ocasiones y tan complicada otras. Y aquí vino el primer problema serio. La vela estaba totalmente descontrolada, templando y flameando intermitentemente, cada vez con más fuerza. Los golpes de viento se traducían en fuertes tirones del trapo sobre la botavara, que a veces volvía al centro de crujía y de nuevo golpeaba hacia sotavento, castigando duramente la escota, que arraigaba justo delante de la bitácora y de la rueda que estaba a mis manos. Yo, con la mayor aún sin empezar a recoger, intentaba aproarme lo máximo posible, para evitar la fuerte escorada que ya llevábamos y los golpes de ola cada vez más fuertes que íbamos recibiendo por través. Imposible, al llevar la vela entera, el mismo viento me mantenía el rumbo que yo no quería, atravesando el barco y dejándolo perpendicular de nuevo a ráfagas y olas (aunque enfilado a puerto). Así que definitivamente arranco el motor para ayudarme a arribar, y algo conseguí, pero no lo suficiente. Al no poder aproar, y tener el viento de través, la maniobra de enrollado se hacía una odisea. Para colmo de males, nada más empezar a recoger, los cabos del pajarín y del enrollador se hacen un lío a la entrada de los stoppers, impidiendo la maniobra por la tensión que generaba la vela y que tiraba de ellos en contradirección. ...
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El auténtico viaje de descubrimiento no consiste en buscar nuevas tierras, sino en tener nuevos ojos” (Marcel Proust). Hice un acuerdo de coexistencia pacífica con el tiempo: ni él me persigue, ni yo huyo de él. Algún día nos encontraremos. Editado por Aporelmar en 01-08-2015 a las 22:56. |
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#3
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(Continúa)
A esas alturas, el cielo ya se había puesto su nuevo vestido de noche, y empujaba hacia abajo a unas plomizas nubes que parecían acariciar el tope de nuestro mástil. El viento arreciaba y aullaba como un animal enfurecido, y la lluvia y sobre todo los rociones me golpeaban en la cara y me irritaban los ojos por la sal del agua. Las tumbadas eran espectaculares. Unas espumosas olas de unos dos metros, que se sucedían con rapidez asesina, golpeaban la panza del casco que se encontraba continuamente fuera del agua. La borda de sotavento, a menudo bajo la superficie, me hacía poner en duda la aprendida teoría de la estabilidad de los veleros. Mis compañeros libraban su combate particular contra el nudo de los cabos mientras se agarraban a la pared en que se convertía el suelo de la bañera y la cubierta en general debido a las inclinaciones. Los momentos de máxima escorada se intercambiaban con los de adrizado con una rapidez endiablada, provocando cada vez más golpes y más violentos de la botavara hacia uno y otra banda. Lo que ya tenía claro y esto no se me va a olvidar nunca es con qué facilidad te vuelves insignificante en medio de una mar cabreada. Insisto: facilidad, y añado: rapidez. En uno de estos golpes, y todavía sin solucionar el lío de cabos, partió el perrillo de sujeción de la escota, el que la une al extremo de la botavara, quedando ésta libre a merced del viento y las escoras, y la carrucha de la misma suelta también, correteando por el suelo de la bañera. Ahora es cuando empezó la fiesta. Hasta entonces los golpes de la botavara eran violentos, pero ahora empezaron a ser infernales, pues esta quedó libre para moverse prácticamente 180º con toda la vela desplegada. De hecho, creo recordar haberla visto tocar el agua más de una vez. La parte positiva es que ahora, con cada racha de viento, la mayor quedaba prácticamente libre, flameando en la dirección que mandaba el viento, con lo que las escoradas empezaron a ser menos frecuentes. Poco después, los bregados Reivah y Krank consiguieron aflojar el lío de cabos y empezar a enrollar mayor, lo cual terminó de ayudar a que la dura situación se suavizase ligeramente. A partir de ahí puse un punto más de motor, sin abusar porque ya estaba trabajando de lo lindo. Recuerdo a Reivah preguntándome en ese momento qué viento teníamos. Miré los instrumentos y no me lo creía: 39,8 nudos, un temporal de fuerza 8 en toda regla que se había montado en 10 minutos. Y estábamos aún a unas cuatro o cinco millas de tierra. Con ambos trapos ya recogidos, y el barco enfilado a puerto, los tres nos miramos y asentimos en un gesto de complicidad y camaradería, y alguien dijo: “Bueno, lo peor ya ha pasado”. Podía ser un comentario prudente, tal vez sensato, seguramente un pensamiento unánime. Pero realmente lo peor no había llegado todavía. Seguía quedando el problema de la botavara suelta, que a cada escorada del barco a una u otra banda, daba unos golpes fuertes de asustar. Temiendo que el arraigo de la misma en el palo sufriera hasta el punto de llegara a romper, al intrépido Krank se le ocurrió la idea de tirarle un cabo desde abajo, que pasara por encima y volviera a caer, haciendo una lazada, para intentar sujetarla y llevarla a crujía. Dicho y hecho, y con cuidado de no quedar guillotinado por los constantes barridos que hacía, lanzó varias veces el cabo por encima de la botavara. Entre el movimiento de ésta, el del barco y el efecto del viento, la operación lanzamiento del cabo resultaba imposible. El problema es que debido a sus peligrosos barridos, tras recoger la mayor, habían subido el amantillo para garantizar que no rodaran cabezas, y la botavara estaba muy alta, así que el improvisado cowboy optó por subirse encima de la zona del tambucho, quedando justo debajo del principio de la botavara, la zona más baja, para tenerla más a mano y aumentar las posibilidades de éxito. Fue en ese momento cuando una enorme ola golpeó sin piedad el través de babor, haciendo escorar todo el barco con la violencia con que saben hacerlo las olas cuando quieren. Volvimos a ponernos de lado, Reivah estaba sólidamente aferrado, yo más que sujetar la rueda del timón para guiar el barco, me agarraba a ella para no caerme. Y Krank… No es menos cierto por ser tópico, pero cuando te ocurre te das cuenta de con qué facilidad y con qué rapidez pasan un montón de imágenes por tu mirada si ves de cerca una tragedia. Incluso cuando no es en tus propias carnes, puedo asegurar. Vi como Krank perdía el equilibrio en un barco escorado 50, 60 o no sé si más grados. Con el barco tumbado, salió arrastrado hacia sotavento, es decir, cayendo casi verticalmente hacia a la banda de estribor y al agua. Décimas de segundo, puede que incluso menos, en los que tu cerebro procesa a tal velocidad que el tiempo transcurrido te parecen eternos minutos. Sus manos intentando arañar la fibra de vidrio mientras caía arrastrado por su peso, la cara de susto y de terror de alguien que se va, la trayectoria hacia el oscuro mar que lo esperaba para tragárselo como si fuera una aceituna, mi poca confianza en el éxito de un rescate en esas condiciones de mar, cómo organizar pese a ello dicho intento de rescate, y la pregunta de si realmente habíamos vulnerado las leyes del sentido común por salir a navegar ese día, fueron imágenes y pensamientos que se agolparon en mi cabeza a la velocidad de la luz. No sé si Krank lo recordaba, pero yo desde luego en ese momento me había olvidado de que se había atado a la línea de vida. Como digo fueron décimas de segundo las que transcurrieron hasta que el enganche llegó a su máximo recorrido (es de los del tipo elástico) y Krank quedó colgando de la misma como si fuera un jamón, pero en esas décimas, mi cerebro ya había asimilado que el terrible accidente ocurría. Ese fue para mí, con diferencia el peor momento de la navegada, el susto de pensar que perdíamos por la borda a un tripulante, compañero y amigo, y que muy difícilmente podríamos recuperarlo ileso estando el mar como una lavadora. Afortunadamente, cuando el barco adrizó, Krank volvió a su sitio, y mi corazón al suyo. En un par de intentos más teníamos la botavara en crujía, sujeta y tranquilita. El viento iba bajando con timidez conforme nos acercábamos a tierra. El último punto de motor que faltaba nos terminó de llevar a puerto sanos, salvos y empapados, donde, una vez atracados nos felicitamos, nos regocijamos y nos dijimos de todo, sin necesitar otro lenguaje que nuestra franca mirada. Eolo se quedaba sin boquerones por ese día. FIN
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#4
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Conclusiones que se desprenden de la experiencia, tras las varias conversaciones que posteriormente tuvimos los tres implicados:
En definitiva, como dice el título del hilo, resumen de mi primera castaña.
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#5
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Gracias por el relato. Yo salí a navegar el sabado 1 poco más al norte y alguna racha de 30 y muchos hubo, pero de gradiente tuve 28/30.
Las mayores enrollables NO se enrollan con el barco aproado, al contrario, para enrrollar la mayor debe portar algo y apoyarse en el "canto" del palo, si no se lía. Otro error es arriar cuando hay castaña, los veleros navegan a vela!!!, se riza, se busca 1 rumbo cómodo y listos. La mayoría de problemas que tuvisteis empezaron cuando decidisteis arriar velas. |
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#6
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Cita:
y lo que yo no entiendo, si no eres capaz de enrollarla, para que sigues a lo bruto? Picas driza -si, las velas enrolladas tienen driza aunque mucha gente nunca se acuerde de ellas, ni llevando centenares de arrugas en el gratil...- y vela pa abajo, seguramente no tiene sables y se puede meter dentro sin mucho problema... por otro lado, creo que no rompisteis el arraigo de la contra, sino de la escota en la botavara y si, las mayores se enrollan ciñendo, habitualmente tienen un bordo mejor que otro para ello, manteniendo el rumbo de ceñida, primero verificas que amantillo y contra tienen la botavara a unos 85º del mástil, amollas completamente la escota, la vela va a flamear pero de forma mas o menos controlada, y soltando parajin sin miedo, se va cazando cabo de enrollador con velocidad constante, despacio, pero constante y vela dentro sin pliegues para que luego salga bien la próxima navegada como podeis ver, con viento fuerte, es mas difícil enrollar una mayor enrollable, que arriar una vela normal con un buen lazybag, con sus lazy Jack a la mitad de las crucetas -están mal montados tantos lazys con poleas sobre el mástil, queda un carril pequeño entre ambos lazys- por cierto, si se navega a media mayor enrollada, antes de enrollarla, hay que desenrollarla entera, y ahora ya la enrollas entera una mayor que trabaja a medio enrollar, se tensa dentro del mástil, y luego al empezar a enrollar el otro trozo, se destensa y se gira, pillando pliegos que luego no dejaran sacarla fácilmente y si, tener la maniobra bien adujada es vital, adujar cada cabo haciendo 8s para evitar cocas y vueltas mordidas después de cada maniobra, es uno de los detalles que diferencia un dominguero de uno que ya algo aprendió
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caribdis (30-07-2015), Casilobodemar (03-08-2015), eole 2 (30-07-2015), marianomoreno (30-07-2015), Reivah (30-07-2015) | ||
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#7
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Cita:
o del enrollado de la mayor es cierto, desde hace algún tiempo lo hacemos ya como tú dices. La opción de mantener la mayor con rizos era inviable. Antes ya de poder hacer eso se rompió la unión de la botavara con la escota y la mayor estaba libre. Hubo que recogerla. Un saludo
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#8
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Está bien lo que bien acaba. Me imagino que si quién no os alquilo lee este hilo, se le dibujará una sonrisa maliciosa en la cara. |
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Aporelmar (30-07-2015) | ||
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#9
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Cita:
![]() ![]() ![]() ![]() Saludos. Coronadobx |
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#10
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Cita:
Lo de su cara no lo sé. Si nos hubiera alquilado el Tucana tampoco nos habríamos alejado del puerto, y la película habría sido otra. Un saludo
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#11
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Tela!
Si fue este fin de semana, el sábado por las aguas costeras de Alicante se vivió algo similar por la mañana. La previsión fue muy diferente a la realidad, tanto en horas como intensidad del viento. Me alegro que todo haya salido bien. Nosotros estuvimos en puerto sin salir todo el día. Saludos, ![]() ![]() ![]()
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Wherever the wind takes me... |
| Los siguientes cofrades agradecieron este mensaje a JeZu | ||
Aporelmar (30-07-2015) | ||
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#12
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Sábado 1⃣. De que mes ,???
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#13
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Cita:
![]() Un saludo
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#14
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Estoy de acuerdo con los cofrades. Muy buen relato
, que te hace vivir la experiencia. En mi caso alguna parecida. salir con un viento flojo y volver con la madre de los vientos.![]() |
| Los siguientes cofrades agradecieron este mensaje a sea biscuit | ||
Aporelmar (30-07-2015) | ||
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#15
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A experiencia propia, hasta que no pillas la primera castaña, no aprendes aquello de que "cuando pienses en hacer un rizo, hazlo".
Ahora me veo con la capacidad de navegar solo después de ver a un machote amigo mío agarrado al mástil incapaz de coger el puño de la mayor al aries y tener que ir yo mismo a terminar el rizo. Esta claro que el arrendador no vio nada claro las ganas de alquilar un velero un día con mala previsión de mar-viento pero debería haber llamado sin dudarlo. Por supuesto que el movimiento se demuestra andando pero para andar hace falta mojarse de vez en cuando y así es como se aprende (y leer muchísimo para aplicarlo luego) Al loro con los cambios de viento repentinos!!!! Me encontré esa castaña llegando hace unos años a 2 millas de Sant Feliu de guixols con SW 2-3, 5 minutos 0 viento y posterior role al N. Dios, que susto! Enviado desde mi Ifax |
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#16
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Cita:
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