Yo he tenido dos movidas gordas, cuento una de ellas...
Hace unos tres años volvíamos de Baleares rumbo Cádiz mi mujer y yo, ya estando en Estepona preparados para cruzar el Estrecho al día siguiente y al ver la previsión, llamé a Salvamento para anunciarles nuestras intenciones, me dijeron: "Bueno, ya habrá visto en la meteo que hay prevista fuerza 7, así que usted verá..."
Como era viento de levante tomamos la decisión de zarpar, de modo que a las 5 de la mañana soltamos amarras rumbo al Estrecho, como era de esperar el viento fue subiendo de intensidad a lo largo del viaje hasta que acabamos navegando únicamente con un pequeño trapito de génova haciendo puntas de 11 nudos. Hasta ahí bien, el barco iba estupendamente, la verdad es que la travesía fue una pasada.
El problema fue cuando sobre las 3 de la tarde y llevando ya 10 horas a la rueda (sin piloto) quisimos entrar en el puerto de Barbate..., me dispuse a enrollar la vela de proa..., ja,ja, teníamos 40 nudos mantenidos con ráfagas bastante mas fuertes, intenté recoger la vela pero era totalmente imposible, de modo que acabé pasando el cabo por el winche y cuando con mucho esfuerzo la tenía prácticamente recogida estalló la última polea de la línea del enrrollador y seguidamente se partió el cabo, de modo que toda la vela, nuestro enorme génova 150, se desenrolló por completo, imaginaros que show..., solo me quedaba intentar arriar la vela del perfil, de modo que mientras la Almiranta se quedaba en la rueda yo me fui al palo y solté la driza para seguidamente llegar hasta la proa e intentar arriarla, teníamos unas olas bastante respetables y entre roción y roción, pantocazo y pantocazo, yo tira que te tira de la vela mientras el ollao de puño de escota junto con las drizas no dejaban de silbar en mi oido, el esfuerzo que estaba haciendo era enorme pero ya sabéis que en una situación comprometida uno saca fuerzas extras. Cuando ya por fin había arriado casi la totalidad de la vela y tras golpearme la rodilla con una de las cornamusas de proa en uno de los pantocazos, la vela se fue al agua, ¡Me cago en la p**a, ahora que casi la tenía controlada!, el caso es que finalmente conseguí recuperarla y atarla con los cabos de los rizos de la mayor. Durante toda esta odisea la Almiranta intentaba hacerse con el gobierno y vigilarme a la vez por si me iba por la borda. Totalmente exhausto me tumbé boca arriba con la rodilla destrozada y ensangrentada mientras los rociones seguían cayendo encima y mi mujer ponía rumbo a la bocana del puerto de Barbate.
Cuando entramos por la bocana pusimos las defensas para atracar por el costado de babor en el pantalán de espera pero teniendo en cuenta el viento que soplaba, por la VHF nos dijeron que atracásemos donde quisiésemos, de modo que nos dirigimos al primer amarre que vimos libre, fue justo cuando estábamos tocando con el pantalán cuando me di cuenta de que estábamos atracando sin defensas, ¡Mierda, las defensas!, ya en el pantalán las fuimos poniendo con un buen rayajo en el costado del barco.
La travesía había concluido con una polea reventada, el cabo del enrollador partido y las dos escotas del génova rotas mas el rayajo en la banda de propina, fue entonces cuando la Almiranta me dijo que hasta aquí habíamos llegado y que no volvería a navegar, afortunadamente los momentos malos los solemos olvidar pronto y no solo hemos vuelto a navegar juntos sino que también se volvió a tragar otra movida conmigo y a día de hoy sigue embarcándose, eso si, en travesías no demasiado largas.
