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| VHF: Canal 77 |    | ![]() |
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#20
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Muchos días después regresamos al puerto de Royan después de haber navegado por los canales del garonne:
Cuando estamos a un par de horas de llegar al puerto de Royan nos pilla otra galerna de esas que deben de ser el pan nuestro de cada día en esta ría. La corriente en contra del fuerte viento produce una ola que zarandea al barco, mutilado sin su palo, de una banda a la otra. La sujeción del palo no está pensada para navegación con estas olas así que empiezan a soltarse las fijaciones y con su peso, de casi cien quilos, comienza a bascular cada vez más. Parece que va a caer a cubierta o peor, al agua. Corro a proa y preparo unos cabos adicionales, pero la única solución es sujetarlo a mano cual caballete humano. Ana al timón intenta escuchar mis gritos apagados por el viento. Abajo las cosas se caen de la mesa de las baldas y de la cocina a veces con gran estruendo Le pido a Ana que se ponga de popa al viento y lo hace. Peor. ¡Dios! ¡Que se cae el palo!. ¡Apróate! Se aproa. Así entre bandazo y bandazo, entre pantocazo y pantocazo, empapados por la lluvia y ateridos de frío, conseguimos aguantar lo que dura el chubasco. Vamos arribando a Royan, ya la ría en calma. Ana se refugia en su litera y me dice que le despierte en cuanto haga falta. Entramos por la bocana del puerto de Royan a no sé que hora intempestiva de la madrugada. Troppo se desliza por las marrones aguas con el motor en punto muerto y aprovechando la arrancada. Escucho la noche, la seguridad del puerto, lo disfruto. Con una mano en la rueda, escrutando la oscuridad con mi mirada, busco un sitio donde atracar. En esto, la rueda comienza a vibrar de una forma brusca, extraña. ¿Qué pasa? ¡Hay algo en el timón! Me asomo por la borda esperando ver si es un cabo, un plástico o qué lo que lo provoca, cuando pshhhshh! Asoma el delfín. Me mira de reojo. Creo que me sonríe. Ouaaahh qué majo! Bonsoire Mesié Dophin . Nos viene a recibir. Atraco el barco yo sólo para dejar dormir a mi otra parte. Pienso en echarme al agua a darme otro baño con éste fiel compañero. Le llamo pero no acude. Al final cansado me voy a dormir. Mañana será otro día. Es hoy, es cierto, es otro día. El cambio del ambiente fluvial al marítimo es más que evidente, es el bullicio, la altura de los muelles, la hechura de los barcos y de las gentes. Comenzamos de nuevo los preparativos del barco. Aparejar, desmotar las bicis, estibar las cosas para que no se caigan con las escoradas. El trabajo es agotador sobre todo porque todavía no nos habíamos recuperado del anterior. Con nuestro amigo el gruista acróbata devolvemos el palo a su sitio. Me he fijado que en la base del palo hay una mella de desgaste que me preocupa un poco. En capitanía he preguntado a los marineros por el delfín y me dicen que no le han visto desde que nos fuimos. Por la tarde nos reencontramos con el delfín. Está luciéndose ante decenas de personas que desde los pantalanes y desde los muelles admiran sus movimientos por las aguas del puerto. Se pasea casi rozando los pantalanes y la gente estira los brazos para acariciarle a su paso. Nos tiene a todos hechizado. Voy al barco a por la cámara de video para inmortalizar el momento. Grititos de admiración cada vez que asoma, terapia de grupo. Me acerco remando con la zodiac para sacar las imágenes flotando desde el agua. Les digo a Asier a Ana y a Mikel que me acompañen. En esto aparece otra vez el capitán del puerto a ejercer su autoridad. Nosotros no estamos haciendo nada prohibido, no hay nadie en el agua, pero él insiste en que la gente salga de los pantalanes y se retire de la cercanía del agua. A nosotros nos dice que nos vayamos a nuestro atraque. Remo suavemente para alejarme del lugar cuando notamos que el delfín nos empuja bajo el agua. Quiere jugar como otras veces, quiere que reme rápido y que después deje de remar para remolcarme con su lomo. Pero yo mirando al Capitán del puerto, sigo remando suavemente. Entonces, el delfín asoma repentinamente medio cuerpo fuera del agua y coge mi remo con su boca sacudiéndolo, a la vez que emite un grito que nos asusta a todos. El capitán empieza a gritar que no le provoquemos, pero no ve que la provocación es no seguirle el juego. El remo, a pesar de ser de plástico no tiene ni siquiera el mínimo rayón. Salimos del anexo al lado del barco. El delfín nos ha seguido y recibe caricias de los barcos vecinos. Una navegante Australiana, con muchos años en su espalda, me cuenta que se va a bañar con él, que es su sueño de la infancia, y que ya de pequeña se bañó con delfines. Es cuando llega el Capi y se enfrenta a la señora en una fuerte discusión. Vemos cómo la cabeza del delfín asoma y observa la trifulca durante unos instantes. Ve el mal rollo, se sumerge y desaparece. No le volvemos a ver más.
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La costa se iba acercando |
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