Cita:
Originalmente publicado por caribdis
Yo quiero un velero que navegue con el viento y que tenga un motor auxiliar, porque me gusta sentir al barco navegar en silencio; porque me gusta ver las velas aplanadas como cuchillos cortar la noche y avanzar apoyadas en el viento. Y habrá sitios donde no pueda entrar con mi barco ideal, pero muchos a los que si, y a mi me llegan.

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Tenemos tantas opiniones como narices. Está claro.
Un velero se compone de un elemento aerodinámico (velamen), otro hidrodinámico (carena) y una estructura de soporte de todo lo anterior (superestructura y arboladura).
Con vientos muy fuertes nos vemos obligados a reducir la superficie del velamen, mientras que la obra muerta y los palos se mantienen igual y, por lo tanto, las fuerzas que tiran hacia sotavento incrementan su importancia relativa enormemente. Perdonad mi atrevimiento, pero dudo que ningún velero sea capaz de hacer avante ciñendo un viento de 60 nudos.
También tengo opiniones propias en cuanto a la inercia

que derivan de mis experiencias y observaciones. No sé muy bien por qué, pero la masa de un barco tiene un comportamiento parecido al de un acumulador de fuerza. En las maniobras portuarias de mercantes (ejemplo claro), si uno quiere correr hacia proa unos metros en paralelo al muelle, no puede dar avante hasta que aprecia que el barco se mueve; hay que parar máquina momentos antes (saber cuándo forma parte de la pericia de los prácticos y de los buenos maniobristas) y entonces se aprecia que el barco, aún con la máquina parada, arranca y acelera unos instantes. Ya digo que no sé por qué, pero pasa. Esa inercia me ayuda a navegar muy agradablemente las veces que hay que hacerlo de ceñida, sin el desagradable "camelleo" de barcos más ligeros.
Parece que lo que desea Caribdis es navegar eternamente, como el Flying Dutchman (lo pongo en inglés para no confundirlo con nuestro Humberto), mientras que los demás nos situamos más como viajeros del mar. A mí no me interesa tener un barco que no pueda entrar en muchos sitios a cambio de correr mucho en improbables temporales, del mismo modo que no intentaría hacer la Golden Globe con mi acorazado. Cuestión de intereses.
Llevo un motoraco de 100 Hp que, si está apagado, también me permite navegar en silencio. A cambio, la tramontana, el meltemi, el embat o la calma blanca me preocupan mucho menos que cuando tenía mi viejo Puma con su motorcito.